I. INTRODUCCIÓN
1.1 El género Mycobacterium
1.1.1 Taxonomía
De acuerdo al Manual
Bergey de Bacteriología Sistemática, volumen V, el género Mycobacterium se clasifica dentro del Phylum Actinobacteria, Clase Actinobacteria,
Orden Corynebacteriales, Familia Mycobacteriaceae (URL 1).
El género Mycobacterium es el único perteneciente
a esta familia y se encuentra comprendido por más de 140 especies ampliamente
distribuidas en la naturaleza como especies saprófitas y otras como especies
patógenas, tal es el caso de Mycobacterium
tuberculosis, M. leprae y M. ulcerans,
agentes causales de tuberculosis (TB), lepra y úlcera de Buruli,
respectivamente (Cosma, Sherman, & Ramakrishnan, 2003; Forrellad,
y otros, 2013) .
1.1.2
Características generales
Este género se encuentra conformado
por bacilos aerobios, inmóviles y no esporulados, cuyo tamaño oscila entre 0.2-0.6µm
X 1-10µm y que bajo ciertas condiciones pueden formar filamentos ramificados
que se rompen con facilidad adquiriendo una forma bacilar (Hartmans, de Bont, & Stackebrandt, 2006) . Estas bacterias poseen
una peculiar estructura de la pared celular, que las provee de una barrera
fuertemente impermeable a fármacos y otros componentes nocivos, como los
desinfectantes; además de jugar un papel fundamental en la virulencia del
bacilo (Delogu, Sali, & Fadda, 2013;
Forrellad, y otros, 2013) .
Gracias a las nuevas
técnicas de microscopía, se ha podido observar que las micobacterias poseen una
membrana lipídica asimétrica compuesta por ácidos grasos de cadena muy larga,
llamados ácidos micólicos, y en cuyo lado externo se encuentran presentes
glicolípidos y componentes cerosos, como el 6,6’-dimicolil trehalosa (TDM) o
factor cordón. La membrana exterior y la interior forman un espacio
periplásmico en donde se localiza una fina capa de peptidoglicana unida
covalentemente a la arabinogalactana y a la lipoarabinomanana que, a su vez, se
unen a los ácidos grasos (Delogu, Sali, & Fadda, 2013) . Esta estructura
impide la decoloración de las micobacterias por soluciones ácidas, por lo que
también son conocidas como bacilos ácido-alcohol resistentes (BAAR) (Hartmans, de Bont, & Stackebrandt, 2006;
Forrellad, y otros, 2013) .
Las micobacterias se
clasifican de acuerdo a su velocidad de crecimiento en dos grandes grupos, de
esta forma encontramos aquellas micobacterias de crecimiento rápido, como M. smegmatis, generalmente consideradas oportunistas
o no patógenas; y a las micobacterias de crecimiento lento, dentro de las cuales
encontramos a las especies del Complejo Mycobacterium
tuberculosis (CMT) (Hartmans, de Bont, & Stackebrandt, 2006;
Forrellad, y otros, 2013) .
1.2 Complejo Mycobacterium
tuberculosis
El Complejo Mycobacterium tuberculosis (CMT) se
encuentra conformado por un conjunto de especies estrechamente relacionadas y
que comparten más del 99.9% de identidad a nivel de los nucleótidos del rRNA 16S;
sin embargo, difieren en algunas características, entre las cuales destaca su
capacidad para causar enfermedad en distintos hospederos (Cosma, Sherman, & Ramakrishnan, 2003; Ernst, Trevejo-Nuñez, &
Banaiee, 2007; Forrellad, y otros, 2013) .
Las especies que en la
actualidad conforman este complejo son: M.
tuberculosis, M. africanum, M.
bovis, M. canettii, M. microti, M. caprae, M. pinnipedii (Ernst, Trevejo-Nuñez, &
Banaiee, 2007; Forrellad, y otros, 2013) , M. mungi (Alexander, y otros, 2010) , M. orygis (van Ingen, y otros, 2012) y M. suricattae (Parsons, Drewe, van Pittius, Warren, & van
Helden, 2013) ;
todas estas especies de micobacterias causan TB en diferentes hospederos; sin
embargo, únicamente algunas de ellas afectan al ser humano, siendo esta enfermedad
altamente infecciosa y de distribución mundial.
1.3 Epidemiología
A poco más de 20 años de
que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarara a la TB como una
emergencia mundial de Salud Pública, hoy en día esta enfermedad continúa siendo
un problema sanitario a nivel global (URL 2).
De acuerdo al informe
anual (2014) de la OMS, se estima que durante el año 2013 se presentaron 9 millones
de casos nuevos de TB a nivel mundial, de los cuales, 1.5 millones de personas
murieron debido a esta causa. Este reporte también señala que el 13% de los
casos totales de TB (1.1 millones de casos) corresponden a pacientes
seropositivos para el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH positivos), de
los cuales, a su vez, 360 000 murieron (WHO, 2014) .
La incidencia anual de la
TB en los países desarrollados no sobrepasa los 10 casos por cada 100 000
habitantes, tal como sucede en Australia, Canadá, Estados Unidos y algunos
países de Europa Occidental. Mientras que la incidencia aumenta hasta más de
500 casos por cada 100 000 habitantes en algunos estados africanos y del
Sureste Asiático. En México, la OMS estima una incidencia de 20 a 49 casos por
cada 100 000 habitantes (WHO, 2014) ;
mientras que la Dirección General de Epidemiología registró en 2014 una
incidencia de 13.56 casos de TB por cada 100 000 habitantes, mostrando una
disminución respecto al año 2011, en el que se reportó una incidencia de 14.15 (URL 3).
1.4 Patogenia
La TB pulmonar es una
enfermedad contagiosa que se transmite de persona a persona cuando un
individuo, que cursa con la enfermedad activa, emite aerosoles con la tos característica
de la enfermedad. Las pequeñas gotas que conforman estos aerosoles albergan
bacilos infecciosos que pueden ser inhalados por un individuo sano (Delogu, Sali, & Fadda, 2013; Chapman & Lauzardo,
2014) .
Después de que las
micobacterias son inhaladas, estas llegan al espacio alveolar del nuevo
hospedero, en donde son rápidamente fagocitadas por los macrófagos (MØ)
alveolares y las células dendríticas (DCs). De manera inmediata, diferentes
mecanismos de la respuesta inmune innata son activados, entre ellos la
generación de las especies reactivas del nitrógeno (NOS) y del oxígeno (ROS) (Zuñiga, y otros, 2012) .
La eficacia de los
mecanismos microbicidas de la respuesta inmune innata dependen de la capacidad
intrínseca de los MØ alveolares, de las características patogénicas de la cepa
de M. tuberculosis y del
microambiente inflamatorio en el sitio de la primo-infección, lo que puede
derivar en distintos cursos clínicos, tal como se muestra en la Figura 1 (Zuñiga, y otros, 2012) .
Si la bacteria es capaz de
sobrevivir a la primera línea de defensa, esta comienza a replicarse
activamente en los MØ y las DCs; de esta manera, el bacilo puede diseminarse a
células cercanas, incluyendo células epiteliales y endoteliales, logrando en
pocas semanas alcanzar una elevada carga bacteriana (Delogu, Sali, & Fadda, 2013) .
El microambiente
inflamatorio generado por la proliferación de la micobacteria induce el
reclutamiento de otras células periféricas como monocitos, neutrófilos,
linfocitos y DCs al sitio de la infección. Además las DCs se activan por
receptores tipo Toll (TLR) y los monocitos se diferencian a MØ, los cuales
producen sustancias microbicidas, incluyendo TNF-α y otras citocinas, que
contribuyen a la contención del bacilo en el granuloma (Zuñiga, y otros, 2012; Delogu, Sali, & Fadda,
2013) .
Figura 1. Cursos clínicos de la TB. La infección por este microorganismo se lleva a cabo por vía aérea,
pudiendo seguir distintos cursos clínicos de acuerdo al estado inmunológico del
hospedero. (a) Eliminación de la
micobacteria. (b) Enfermedad activa,
también conocida como TB primaria. (c) Fallo
de la respuesta inmune innata, induciendo el reclutamiento de otras células
inflamatorias que controlan la infección con la formación del granuloma. (d) Reactivación que tiene como
resultado la manifestación de la enfermedad activa (TB secundaria) y la
diseminación del bacilo a otros órganos (TB extrapulmonar) (Kaufmann,
2004) .
El granuloma es una
estructura organizada que se forma como respuesta ante la inflamación pulmonar,
resultado de la interacción entre las células de la respuesta inmune del
hospedero y los antígenos micobacterianos producidos por el bacilo. El
granuloma está conformado por diversas células como: fibroblastos, macrófagos,
células dendríticas, neutrófilos, linfocitos T, linfocitos B y linfocitos tipo
“natural killer” (NK) (Gideon & Flynn, 2011) .
Una de las funciones del
granuloma es la de proveer un ambiente inmunológico en el que las células del
hospedero interactúan para inhibir la proliferación del bacilo y prevenir la
diseminación a otras regiones del pulmón o a otros órganos. Sin embargo,
también otorga un nicho en el que el bacilo puede persistir durante un largo
periodo; lo que se ve acompañado por cambios en el metabolismo bacteriano (Gideon & Flynn, 2011; Druszczynska, Kowalewicz-Kulbat, Fol,
Wlodarczyk, & Rudnicka, 2012) .
Dentro del granuloma, la
micobacteria se encuentra sometida a múltiples condiciones de estrés como la hipoxia,
la deficiencia de nutrientes, un pH ácido y la inhibición respiratoria por
acción de los NOS; todas estas condiciones inducen la expresión de genes que
conducen al bacilo a una fase de persistencia que caracteriza a la infección
latente (Druszczynska, Kowalewicz-Kulbat, Fol, Wlodarczyk, & Rudnicka, 2012) .
1.5 Latencia y reactivación de M. tuberculosis
El término infección
latente ha sido ampliamente utilizado para describir a aquellos individuos
infectados por M. tuberculosis que no
presentan ningún síntoma de TB pulmonar o extra pulmonar. A diferencia de los
pacientes que cursan con la enfermedad activa, estos individuos no son
contagiosos y poseen radiografías pulmonares sin anormalidades o signos de la
enfermedad (Druszczynska, Kowalewicz-Kulbat, Fol, Wlodarczyk,
& Rudnicka, 2012; Chapman & Lauzardo, 2014) .
De acuerdo a los datos
emitidos por la OMS, una tercera parte de la población mundial (2 mil millones
de personas) se encuentra infectada de manera latente con M. tuberculosis; lo que constituye una fuente constante para la
reactivación y la diseminación de la enfermedad. En la actualidad existe una
probabilidad del 5% al 10% de que las personas infectadas desarrollen la TB
activa a lo largo de su vida, lo que representa una población de 200 millones
de personas en riesgo; además, la probabilidad de reactivación se ve
incrementada en personas inmunocomprometidas, tal es el caso de los pacientes
con VIH, desnutrición y diabetes (URL 2).
En las últimas décadas se
han desarrollado modelos animales e in
vitro que pretenden establecer la relación existente entre las condiciones
de hipoxia dentro del granuloma y la inducción de la latencia. Uno de los modelos
in vitro más estudiados y que ha
permitido obtener un ambiente con poca disponibilidad de oxígeno, lo que induce
la latencia en este microorganismo; es el modelo establecido por Wayne y Hayes
(1996) (Rustad, Sherrid, Minch, &
Sherman, 2009) .
Este modelo consiste en un
cultivo líquido que se encuentra herméticamente sellado incubado a 37°C con
agitación controlada, lo que permite la disminución paulatina del oxígeno
disponible dentro del sistema. De esta manera, es posible obtener bacilos en un
estado de persistencia no replicativa (NRP) y que resisten a los efectos
microbicidas de la anaerobiosis (Wayne & Hayes, 1996) .
Bajo el modelo de hipoxia
de Wayne y Hayes existe un cambio evidente entre el crecimiento activo y el
estado de NRP, donde pueden observarse dos fases importantes. La fase 1 o NRP1,
se caracteriza por el incremento lento de la densidad óptica del cultivo debido
a las condiciones de microaerofília generadas (concentración de oxígeno del
1%). Cuando se alcanzan las condiciones de anaerobiosis (concentración de
oxígeno del 0.06%) el crecimiento celular se detiene, alcanzando la fase
conocida como NRP2 (Wayne & Hayes, 1996) . Los bacilos
tuberculosos pueden permanecer bajo estas condiciones un largo periodo y bajo
un nuevo ambiente rico en O2 reanudar su crecimiento saliendo del
estado de latencia inducido por hipoxia (Meza-Segura, 2010) .
Por otra parte, se ha
observado que la tuberculosis latente puede reactivarse años o décadas después
de la primo infección, lo que ha sugerido que la latencia es un proceso
dinámico entre el sistema inmune del hospedero y la replicación bacteriana (Gideon & Flynn, 2011) . Los modelos experimentales
en primates no humanos han permitido observar que durante la infección latente,
la micobacteria se encuentra metabólicamente activa y que se replica en los
tejidos del hospedero a pesar de la ausencia de signos y síntomas de la
enfermedad (Delogu, Sali, & Fadda, 2013) .
Todavía no se han logrado
comprender en su totalidad todos los aspectos que permiten el paso de la
enfermedad latente a su forma activa; sin embargo, algunos autores sostienen
que durante la latencia la mayor parte de los bacilos se encuentran sin
dividirse, mientras que una menor parte de los bacilos se encuentran en estado
replicativo activo (las dos poblaciones se encuentran en equilibrio dinámico).
A estos bacilos se les ha dado el nombre de “scouts”,
mismos que son constantemente procesados y eliminados por el sistema inmune del
hospedero; por lo que se ha sugerido que son los responsables de la inducción
de células T efectoras y de memoria dirigidas contra diversos antígenos de la
micobacteria. Cuando la inmunidad del hospedero falla en el control de los “scouts”, estos se comienzan a replicar
a mayor velocidad y envían señales que permiten que la mayoría de las bacterias
se reactiven (Gengenbacher & Kaufmann, 2012; Delogu, Sali, &
Fadda, 2013) .
Un ejemplo de estas señales son las
proteínas similares al “factor promotor de la reactivación (Rpf)” de Micrococcus luteus y que son codificadas
por una familia de cinco genes (rpfA,
rpfB, rpfC, rpfD y rpfE)
encontrados dentro del genoma de M.
tuberculosis; sin embargo, la naturaleza bioquímica y el mecanismo por el
cual actúan otras señales debes ser investigadas con mayor profundidad (Fattorini,
Piccaro, Mustazzolu, & Giannoni, 2013; Bozzano, Marras, & De María,
2014) .
1.6 Mecanismos moleculares de persistencia
intracelular y reactivación de la enfermedad
Una vez que M. tuberculosis ha sido fagocitada por
los MØ, esta se ve sometida a una gran cantidad de mecanismos antimicrobianos
que tienen como finalidad la degradación del patógeno. Sin embargo, esta
micobacteria ha logrado desarrollar la capacidad de adaptarse, propagarse y
persistir intracelularmente mediante una amplia variedad de estrategias como la
inhibición de la maduración del fagosoma, la respuesta ante la producción de
ROS y NOS y la inhibición de la muerte celular (Kaufmann, 2004; Forrellad, y otros, 2013) .
Por otra parte, se han
descrito diversos antígenos inmunodominantes que son expresados por M. tuberculosis durante las primeras
fases de la infección; tal es el caso de Fbp (proteína de unión a fibronectina)
o, también llamado, antígeno 85 (Ag85). Este antígeno es un complejo de tres
proteínas (FbpA, FbpB y FbpC2) que se encuentran codificadas por los genes fbpA, fbpB y fbpC2,
respectivamente. Se sabe que este complejo juega un papel muy importante en la
patogénesis de este microorganismo, al promover la adhesión de la micobacteria
a la mucosa, facilitando la entrada a las células del hospedero (Forrellad, y otros, 2013) .
Los sistemas de secreción
son muy importantes en la adaptación y supervivencia de un microorganismo en el
medio ambiente, además de permitir la interacción con las células del hospedero
mediante la exportación de antígenos como en el caso del sistema de secreción
ESX-1 de M. tuberculosis, en donde
participan ESAT6 (codificado por el gen esxA)
y CFP10 o ESXB; dos proteínas pequeñas que han sido descritas como antígenos
inmunodominantes durante la infección (Forrellad, y otros, 2013) .
Otro de los aspectos que
se ha estudiado respecto a la latencia de M.
tuberulosis, es el papel que juegan los lípidos; en este sentido se ha sugerido
que M. tuberculosis es capaz de utilizar
los lípidos propios del hospedero (incluido el colesterol) como fuente de
energía durante la infección latente permitiéndole persistir intracelularmente
en el hospedero. Se sabe que esta micobacteria tiene la facultad de acumular
gotas de lípidos intracelularmente, tal como se ha observado en los bacilos
tuberculosos aislados del esputo de pacientes que cursan con la infección
activa (Rodríguez-Peredo, 2011;
Forrellad, y otros, 2013; Yong-Mendoza, 2015) .
Actualmente se cuenta con
suficiente evidencia experimental que permite sugerir que la capacidad de M. tuberculosis para producir la
infección latente se encuentra estrechamente relacionada con la adquisición de
colesterol proveniente del hospedero. En 2008, Pandey y Sassetti emplearon una
cepa mutante de esta micobacteria en el operón mce4 (M. tuberculosis Δmce4), involucrado en el transporte del
colesterol, y observaron que la multiplicación intracelular del bacilo mutante
era deficiente en comparación con la cepa silvestre. Se ha demostrado que este esterol es
degradado por la micobacteria, empleando el núcleo esteroideo para la
producción de energía y la cadena alifática lateral para la biosíntesis de componentes de la pared celular, como el
factor de virulencia PDIM (“phthiocerol
dimycocerosate”) (Pandey & Sassetti, 2008; Ouellet, Johnston, & Ortiz de
Montellano, 2011) . Además, la secuenciación del genoma
de M. tuberculosis ha expuesto una
serie de genes potencialmente implicados en el metabolismo lipídico, tal es el
caso de los genes igr y kstR, ambos fuertemente relacionados con
la regulación del catabolismo del colesterol y con la infección y persistencia
intracelular del bacilo (Kendall, y otros, 2010; Ouellet, Johnston, & Ortiz de Montellano,
2011) .
Se sabe que dentro del
operón igr se encuentran codificadas
dos acil coenzima A deshidrogenasas (fadE28/29),
el citocromo P450 (cyp125)
involucrado en la síntesis de PDIM, entre otras proteínas participantes en el
metabolismo del colesterol. Algunos autores, han demostrado que la falta de
este operón impide el crecimiento de M.
tuberculosis en presencia de colesterol debido a la acumulación de
intermediarios tóxicos generados durante las primeras etapas de la degradación
de este esterol (Forrellad, y otros, 2013) .
Como se mencionó con
anterioridad, la reactivación de M.
tuberculosis se encuentra mediada por una serie de señales que, a la fecha,
no se les ha logrado determinar su naturaleza bioquímica o esclarecer su
mecanismo de acción; sin embargo, a partir del descubrimiento de la familia de
genes rpf se han realizado múltiples
ensayos que pretenden esclarecer el papel que desempeñan las cinco proteínas
Rpf en el crecimiento y reactivación de M.
tuberculosis. De esta manera, se realizó un estudio con mutantes
deficientes en alguno de estos genes para infectar ratones C57BL/6 y, así,
poder evaluar el crecimiento bacteriano y la inmunopatología después de 16
semanas; los resultados mostraron que las cepas mutantes son fenotípicamente
similares a la cepa silvestre, lo que sugiere que la función de las proteínas
Rpf son total o parcialmente redundantes ya que la pérdida de uno de los genes
puede ser compensada por la expresión de uno o más de los homólogos restantes (Gupta & Srivastava, 2012) .
Otros estudios se han
centrado en la cuantificación de la expresión de los genes rpf durante diferentes etapas de crecimiento y condiciones de
estrés fisiológico, lo que ha proporcionado evidencias que sugieren que los
genes de esta familia realizan funciones distintas durante el crecimiento y la
supervivencia cuando el bacilo se ve sometido a distintas condiciones de estrés
fisiológico; así, por ejemplo, se encontró que ante la hipoxia se sobre
expresan los genes rpfC y rpfE,
lo que también ha sugerido que los cinco genes son regulados
diferencialmente (Gupta & Srivastava, 2012) . Además, se logró demostrar la participación de la familia de
genes rpf en la reactivación del
bacilo al construir mutantes carentes de tres de estos genes en diferentes combinaciones que se
mostraron incapaces de reactivarse en el modelo murino (Gupta & Srivastava, 2012) .
A pesar de los estudios
que han demostrado que las proteínas Rpf juegan un papel muy importante en la
reactivación del bacilo tuberculoso, el mecanismo por el cual promueven y
regulan este proceso continúa siendo poco claro. Se ha sugerido que estas
proteínas tienen la capacidad de modificar la pared celular al presentar
actividad similar a la lisozima tipo C. Además, se ha podido demostrar la
presencia de proteínas (como RipA) que interaccionan con RpfB y RpfE para
formar complejos capaces de hidrolizar la peptidoglicana e interaccionar con el
septo celular, por lo que se ha sugerido que estos complejos pueden estar
participando en la división celular posiblemente durante la reactivación (Gupta & Srivastava, 2012) .
1.7 Antecedentes
Las últimas
investigaciones sobre M. tuberculosis ponen
en evidencia que el bacilo tiene la facultad de metabolizar el colesterol que
se encuentra como constituyente en las membranas de las células hospederas, principalmente
de MØ alveolares.
En 2011, Rodríguez-Peredo
analizó la expresión de 17 genes diferentes implicados en el metabolismo de
lípidos, la respuesta oxidativa, la hipoxia, la secreción de antígenos y el
ciclo celular cuando esta micobacteria se encuentra en latencia inducida por
hipoxia, y empleando al colesterol como única fuente de carbono. Del análisis
de expresión, se encontró que durante las fases NRP1 y NRP2 existió una sobre-expresión
de los genes fbpB y esxA, que se encuentran involucrados en
la producción de antígenos inmunodominantes. Se ha propuesto que la sobre-expresión
de estos genes durante la latencia de M.
tuberculosis, en presencia de colesterol, podría estar involucrada en la
sobrevivencia del bacilo y por lo tanto en su persistencia intracelular.
También se encontraron sobre-expresados los genes fadD21 y tgs1,
relacionados con la degradación de lípidos y síntesis de lípidos de reserva,
respectivamente; esto sugiere que durante la latencia la micobacteria utiliza
al colesterol como fuente de carbono para la síntesis de lípidos de reserva (Rodríguez-Peredo, 2011) .
Como se mencionó con
anterioridad, en la actualidad no ha sido posible esclarecer los mecanismos por
los cuales M. tuberculosis es capaz
de reactivarse del estado de latencia, por lo que, en los últimos años algunos
estudios se han centrado en el establecimiento de distintos modelos de
reactivación in vitro y en MØ
humanos. De esta manera, Meza-Segura y Rivera-Morales estandarizaron un modelo
de reactivación in vitro de M. tuberculosis, mediante el cual, lograron
relacionar a los genes hspX, dosR y rpfB con el proceso de reactivación (Meza-Segura, 2010; Rivera-Morales, 2012) .
En 2012, Iona y
colaboradores estudiaron la reactivación de M.
tuberculosis en fase NRP2 (en presencia de glucosa) mediante un modelo de
reactivación en MØ humanos. En este
trabajo se realizó la cuantificación de la expresión de varios genes
bacterianos durante la infección, encontrando una baja expresión de esxA durante la infección con la fase
NRP2, lo que confirmó la hipótesis de que los bacilos provenientes de esta fase
se mantuvieron en latencia intracelularmente (al menos hasta el día 4
post-infección). También se analizó la expresión genética de los MØ THP-1
encontrando que los bacilos en latencia (NRP2) inducían la expresión de los
genes codificantes para cox-2 y PGE2; en
estudios previos se ha reportado su rol protector ante la necrosis de los MØ,
dirigiendo a las células a una vía pro-apoptótica (Iona, y otros, 2012) . En este modelo de
reactivación las micobacterias se cosecharon por centrifugación y se resuspendieron
en medio RMPI para poder ajustar las suspensiones bacterianas a las
multiplicidades de infección (MOI) empleadas; además, estas suspensiones se
almacenaron en congelación para su uso posterior, con lo cual se involucraron factores
externos que pudieran alterar el estado metabólico del bacilo antes de tener
contacto con las células.
Posteriormente, Yong-Mendoza
estandarizó un modelo de reactivación de M.
tuberculosis en macrófagos humanos en el que fue posible establecer el
papel que juegan el colesterol y otros lípidos de reserva durante la infección
y la persistencia intracelular del bacilo. En este modelo se propusieron algunas
mejoras respecto al publicado por Iona y colaboradores en 2012; entre las de
mayor relevancia está la propuesta de reactivar al bacilo directamente en las
células, sin que se le someta a un proceso de centrifugación y congelación
previa; además la de utilizar al colesterol durante la adaptación de M. tuberculosis a la latencia in vitro ya que se sugiere que juega un
papel importante en la persistencia de la micobacteria. En este trabajo se
logró determinar que los MØ THP-1 poseen la misma capacidad para fagocitar
bacilos provenientes de las fases Log y NRP2, independientemente de la fuente de
carbono, tal como fue reportado por Iona y colaboradores en 2012; también se
observó que M. tuberculosis adaptada
a un ambiente con colesterol persiste de manera intracelular en los macrófagos
THP-1 durante mayor tiempo y ocasionando menor daño a la monocapa en
comparación con los bacilos adaptados a ambientes con glucosa. Por otra parte,
este estudio mostró que la eficiencia en la infección temprana de los
macrófagos THP-1 es menor con los bacilos provenientes de la fase NRP1 en
comparación con la infección con la fase Log o con la fase NRP2, mientras que
con esta última, se observó que el
bacilo tiene una menor capacidad para diseminarse a otros MØ THP-1 (Yong-Mendoza, 2015) .

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